miércoles, 11 de noviembre de 2015

FALSEDAD IDEOLOGICA



2.2 BASE TEÓRICA

ELEMENTOS BASICOS TEORICOS


2.2.1 LA FALSEDAD EN GENERAL.

En sentido etimológico la palabra falsedad proviene del término latino “falsum”que, a su vez, es derivación del verbo “fallere” que significa engañar. Partiendo de esta previa aproximación conceptual, falsedad es tanto corno decir ausencia de verdad, “mudamiento de la verdad” en la expresiva terminología de Las Partidas’-“mutatio  veritatis-.

Es falso todo aquello que no es verdadero, que se aparta de la verdad. Es clásica en este sentido la definición anterior, por tanto falsedad es todo “mudamiento de la verdad”. Tal idea vulgar de lo falso no es relevante para el Derecho Penal, porque no se castigan todas las mentiras o, en otras palabras, porque la mentira en sí misma es impune.
La falsedad se refiere a los sujetos y consiste en afirmar lo que no es verdadero o realizar un acto que carece de autenticidad, es decir, poner lo falso en lo que debiera ser verdadero.[1]

Todos los tipos de falsedad, dentro de su variedad, presentan un elemento común: el bien jurídico tutelado la fe pública, concepto que conecta con la confianza que los ciudadanos depositan en –símbolos, objetos, documentos, signos, otros- representativos de ciertas realidades que son relevantes para el ordenamiento jurídico en general.
Los autores clásicos le han otorgado gran importancia a la diferencia entre falsedad y falsificación para cuyo fin se evidencia que en el código penal se representa en las rubricas, títulos, que incluyen el termino falsedad y falsificación. En ese sentido Pacheco, quien explica que la falsedad y falsificación consisten: En que la falsedad es la falta de la verdad, aplicable a las personas y a los sujetos, pero no a las acciones, a las que debe aplicarse el término falsificación.

 A contrario sensu Groizard, quien admite que ambos términos tienen un lenguaje común, y especifica que la falsedad es el género mientras que la falsificación es la especie, de manera que la falsificación siempre implica falsedad, pero que la falsedad no siempre supone falsificación.

Genéricamente, la falsedad es falta de verdad; es la discrepancia entre lo afirmado o reputado como verdadero y lo real. Por tanto las falsedades constituyen una alteración de la verdad. En sentido jurídico-penal, es toda “actividad utilizada con el fin de engañar”. Mientras que la falsificación es imitación o adulteración de lo verdadero o autentico. Es el verbo que comprende todas las maniobras realizadas en forma directa sobre el objeto material de la respectiva infracción -moneda, sello, documento, y otros que lo altere o lo modifiquen de forma sustancial en relación a lo que el documento deba probar.

2.2.2 Falsedad Documental.

Naturaleza Jurídica de la falsedad documental

En relación a los bienes jurídicos que tutela la Falsedad documental, tienen un doble carácter, son públicos porque la Seguridad del Tráfico Jurídico y la Fe Pública son intereses difusos que pertenecen a la sociedad en general, y privados porque el patrimonio se refiere a intereses específicos que le conciernen a una persona determinada.

En el Código Penal Salvadoreño se agrupa bajo la rúbrica del capítulo II,  título XIII del Libro Segundo, las interrelaciones entre los sujetos en relación a los actos jurídicos relativos a los documentos, que dan perpetuidad y garantía a las relaciones intersubjetivas, que permiten un tráfico jurídico armonioso en correspondencia al bien jurídico protegido: la fe pública.

Por tanto, la falsedad documental para su configuración requiere la <mutatio veritatis>. o -cambio de la verdad-para el adecuado tráfico jurídicopudiendo la alteración mudar la forma o fondo extrínseco -falsedad material- o exclusivamente operar en su contenido intrínseco -falsedad ideológica-, pero a tal representación gráfica inveraz debe sumársele la <mutatio ven> -capaz de generar perjuicio- esencial trascendente y no meramente accidental o inocua, que se produce copiando para engañar y lesionar, con daño real o potencial, el tráfico jurídico protegido, lo que siempre es presumible, haciendo que la mentira, no siempre incriminable, entre en el campo penal por acogerla sus tipicidades falsarias”. [2]

2.2.3 Clases de Falsedad Documental.

De acuerdo al avance  de conocimiento sobre el concepto de falsedad documental se ha hecho una bipartición, por el código penal salvadoreño en los artículos 283 y 284 para cuyo efecto se explica seguidamente: 

a)    Falsedad Material:

La acción en los delitos de falsedad debe ser adecuada de tal manera para inducir a error a las personas, para hacer pasar un signo ilegítimo o falso como legítimo o verdadero, además de estar destinado al tráfico jurídico.

En lo relativo a la falsedad material debemos comprender que este hecho punible es factible su comisión por una acción dolosa tomando en cuenta las siguientes circunstancias: a) Hacer un documento total o parcial, falsificando o imitando los signos de autenticidad; b) Alterar uno verdadero, significa aprovecharse de los signos de autenticidad para referirlos a otro contenido distinto del original; y, c) Que pueda resultar un perjuicio; no ha querido el legislador que se dé el perjuicio sino como algo potencial.

Se pueden clasificar las siguientes modalidades de consumación entre las que están:

Ø  Creación documento totalmente falso; a manera de ejemplo: un seudo otorgante hace una seudo declaración, la falsedad deviene del solo hecho de haber simulado autenticidad, porque al señalar en el documento como otorgante una persona natural que no lo fue, lo narrado deja de ser autentico.

Ø  Parcialmente falso: aquí se presume la preexistencia de un documento verdadero sobre el cual la falsedad recae en detalles del texto, vale decir agregados, declaraciones que no debían existir.

Ø  Alteraciones: supone siempre la preexistencia de un documento verdadero, que continuará presentando la apariencia de genuino pero con significado distinto.

Entonces habrá falsedad material si el engaño proviene de una intervención material en el objeto -documento destinado al tráfico jurídico-, ya sea creando un documento total o parcialmente falso o alterando uno verdadero, y que, de dicha intervención pueda resultar un perjuicio.

El perjuicio es algo que el legislador lo ha establecido como algo potencial, esto debido a la gravedad que por sí misma trae consigo la alteración, o elaboración de un instrumento público, autentico o privado falso por parte de un Notario.

Se dice que, la falsificación por si sola es una acción grave por lo que, se considera que en lo referente al perjuicio, el legislador lo toma como un elemento potencial, esto debido, a la obligación, en el caso del Notario, de registrar y dar autenticidad a los actos que ante él se realizan, y el solo hecho de no causar perjuicio, no es eximente de haber vulnerado la Fe Pública con la que el Estado lo envistió, al haber alterado un documento verdadero o al hacer uno total o parcialmente falso.

Por lo anterior, la Falsedad Material ataca la autenticidad del documento, en otras palabras, destruye la condición de la autenticidad de su autor o de quien aparece como tal. También, en la elaboración total o parcial, así como en la alteración total o parcial de un documento falso es indispensable que exista antes de la comisión del delito uno verdadero, el cual es distorsionando o suplantado por el sujeto activo, siendo el “Documento Verdadero” aquel que refleja adecuadamente la realidad que constata una situación, hecho, fenómeno o declaración perceptible en la realidad.

Así, se deduce que la autenticidad está referida a la autoría del documento, es decir, que el documento es materialmente autentico, cuando le pertenece al que se le imputa; y la veracidad se refiere a la característica de los documentos de reflejar la realidad. La conducta de falsedad material supone entonces necesariamente una intervención material en el objeto, vale decir, en el documento que se crea o altera.

Por tanto falsedad material hace referencia a aquellos casos en los que se crea un documento público o auténtico total o parcialmente falso o se altera uno verdadero.

b)   Falsedad Ideológica:

Manzini la define como “aquella falsedad que se encuentra en un acto exteriormente verdadero cuando contiene declaraciones mendaces; y se llama ideológica, precisamente porque el documento no es falso en sus condiciones esenciales, pero si son falsas las ideas que en el se quieren afirmar como verdaderas”. Así mismo el Muñoz Conde nos dice la falsedad es: “ideológica cuando se hace constar en un documento un hecho no declarado por las partes. El documento expresa un acto o negocio que realmente se produjo, pero que se ha consignado de manera inexacta alguna de sus circunstancias.

Por ello, la falsedad ideológica requiere una acción de insertar o de hacer insertar, en la primera situación será eventualmente la concurrencia de un funcionario o notario y en la segunda el sujeto activo puede ser cualquier persona natural mayor de dieciocho años de edad, que con motivo del otorgamiento o formalización de un documento público o privado haga constar declaraciones falsas concernientes a un hecho que el documento deba probar y que pueda resultar perjuicio, es decir, una redacción de un documento haciendo constar declaraciones distintas a las realmente hechas.

La acción en este delito, denominado así porque son las ideas las falsas, es una actitud intelectual, porque se está declarando lo falso en lugar de lo verdadero.

Si se realiza un juicio de valor, cuando el Código exige que en la falsedad ideológica se constituye autor el que inserte declaraciones falsas, tal conducta sólo puede ser imputada a quien confeccione el documento, por tanto nadie más podría insertar estas declaraciones, se requiere  que esa actividad de hacer constar lo que ha acontecido, no habiendo sucedido, sea realizada conociendo y queriendo esa circunstancia específica, siendo por tanto una conducta dolosa. [3]

Así, el notario no puede ser responsable si las personas que ha identificado con el documento respectivo, resultan ser otras, porque la autenticidad o falsedad de esos documentos no le compete al notario conocerla, si reúne en apariencia los requisitos de ley. Para los efectos de esta disposición se considera como documento todo soporte material que exprese o incorpore datos, hechos o narraciones con eficacia probatoria o cualquiera otro tipo de relevancia jurídica.

Se considera falsedad, suponer en un acto la intervención de personas que no la han tenido o atribuir a los que han intervenido en él, declaraciones o manifestaciones diferentes de las que hubieran hecho, se desprende que el documento que refleje una determinada declaración de voluntad o pensamiento, es preciso que pueda atribuírsele a una persona; con ello el documento cumple con otra de sus funciones.

El documento ha de estar destinado a entrar en el tráfico jurídico y tener eficacia probatoria o algún tipo de relevancia jurídica, se estima así por lo tanto que el documento no es sólo medio de comunicación del pensamiento, o declaración de voluntad de una persona a otra, sino una materialización de cualquier otro dato o hecho, esta materialización no siempre tiene que producirse por el signo escrito. -Artículo 284 del Código Penal-[4]

La conducta atribuida al imputado es la de hacer insertar declaraciones falsas en un documento público, lograr que el fedatario incluya en el documento manifestaciones que no revelan la verdad pasada, dando como ocurrido lo no pasado o como ocurrido de un modo distinto lo acaecido, y solo quien es otorgante del documento puede asumir esta conducta típica, y la ilicitud de tal conducta solo se dará cuando el agente esté jurídicamente obligado a decir la verdad.  No se puede determinar que el otorgante, al comparecer ante el notario tenga el conocimiento que por su rusticidad no se le puede exigir, porque quien tiene la obligación de advertir las condiciones necesarias para otorgar cierto acto es el notario. [5]

Los verbos rectores de este ilícito son “insertar” y “hacer insertar”, consistiendo en el hecho de que una persona inserte en un documento declaraciones falsas y lo hace únicamente aquél que tiene la facultad de extenderlo.

La declaración insertada es falsa cuando lo consignado en el documento tiene un sentido jurídico distinto del acto que realmente ha pasado en presencia del fedatario, y que él debió incluir como verdad de la que debe dar fe, en el primero de los casos; en el segundo, hace insertar una declaración falsa en un documento, el que logra que el fedatario incluya en el mismo manifestaciones que no revelan la verdad pasada, dando como ocurrido lo no pasado o como ocurrido de un modo distinto del que sucedió, en otras palabras solamente puede asumir esta conducta típica, quien es otorgante del documento.


c)    La Falsedad Documental Inocua.

Es aquella que carece de aptitud para generar daño o perjuicio -CARNELUTTI, Teoría del falso, Ed. Cedam, Padova, 1935, pp. 167-169- resultado de la aplicación del brocardo latino “non punitur falsitas in scriptura quae non solum non nocuit, sed nec erat apta nocere”-, aquella que recae sobre un objeto privado de las condiciones para ser documento -cuando se trata de un documento inidóneo para la prueba por falta de requisitos formales o la falsificación del documento no crea verosimilitud de derecho o deber jurídico o la que no consigue afectar a la dirección probatoria del documento sobre el que incide.

Se entiende que la falsedad documental Inocua es inofensiva por su concreta inidoneidad de agresión para los intereses probatorios consagrados en el documento y tutelados por la ley penal.

De ahí que la inocuidad no se deduce de la naturaleza del documento, sino de una comprobación concreta relativa a los posibles efectos de la falsedad en relación a una determinada situación jurídica, configurándose en un delito imposible al faltar la ofensa al bien jurídico por inidoneidad de la acción, con idéntico objetivo  pero con diferente resultado.

2.2.4 Diferencias entre la Falsedad Material y la Ideológica.

Existen diferentes criterios en virtud de los cuales se ha operado la distinción entre las dos especies del género falsedad, esto es, la material y la ideológica. Evidenciándose que hay formas de falsedad material en las que el resultado de la acción falsaria no es perceptible por los sentidos, como ocurre con los casos de formación de un documento totalmente falso.

La tesis que sostiene la distinción entre ambos tipos de falsedades en función de que lo afectado sea la sustancia -contenido- o la forma -materialidad- del documento y su homóloga, esto es, la división en virtud de que se afecte a la genuinidad o veracidad del documento, tampoco está exenta de objeciones. Por tanto que todas las falsedades son materiales desde el momento en que pueden afectar a la materialidad del documento, y al mismo tiempo todas serían ideológicas al dirigirse también contra la veracidad que en el mismo se documenta.

A pesar de ello, la crítica que puede efectuarse a esta tesis es la de la indeterminación en el concepto de genuinidad que postulan quienes la mantienen. La genuinidad puede entenderse en un sentido lato, que incluye todos los signos de identificación del documento -el autor y las circunstancias de lugar y tiempo- o en un sentido estricto, para el que autenticidad del documento se refiere sólo a la coincidencia entre el autor real y el aparente del documento.

El concepto de autenticidad se convierte así en un término voluble cuya extensión cambia en función del tipo de falsedad material cometida, esto es, en función de la formación ex novo de un documento falso -que suele considerarse materialmente falso sólo en los supuestos en que no coincidan autor real y aparente del documento- o de alteración de un documento genuino -donde la falsedad material es típica tanto si la comete un tercero como si la comete el propio autor, supuesto en el cual ha de entenderse necesariamente que la genuinidad ha de ir referida a las circunstancias de tiempo y lugar de emisión del documento para poder afirmar que éste es no-genuino-.[6]
           
 Por otra parte, para quienes mantienen un concepto unívoco de autenticidad, toda falsedad material afecta a la autenticidad del documento entendida en sentido lato, pero la adopción de tal postura obligaría a llegar a la conclusión de que carece de sentido mantener en el Código penal actual una tipificación diferenciada de la simulación y alteración del documento.

El abandono del recurso al contenido y forma del documento como parámetros a partir de los cuales construir los conceptos de falsedad ideológica y material viene de la mano de MALINVERNI, quien basa su concepción en la conexión de dos criterios que se intercalan, de un lado el momento de comisión de la acción falsaria en relación con el acto de documentación y, de otro, el carácter de la obligación vulnerada con esa acción. Con todo, la teoría tampoco resulta convincente, a la vista de la propia tipicidad del Código Penal italiano y del tratamiento que otorga a la falsedad por formación de un documento falso, así como por no suponer un mayor nivel de concreción la referencia a la obligación de decir la verdad en las falsedades ideológicas de lo que hasta el momento había supuesto la veracidad como concepto en el que se concretaba la falsedad ideológica.

 Tampoco la teoría que parte de la distinción entre hecho documentado y documento es del todo satisfactoria, porque supone, en cierta manera, un retroceso a la tesis diferenciadora con base en la forma y contenido del documento. Su más destacado defensor, NAPPI, sostiene dos conceptos distintos de falsedad material, en función de que se trate de documentos en que el autor de la declaración y el escribiente son la misma persona o de escrituras  en las que el redactor recoge declaraciones que un tercero efectúa ante él.

Se observa claramente que los conceptos de falsedad ideológica y material son todo menos pacífico en la doctrina italiana, que ha sido la que más se ha preocupado de su definición por exigencias de su Derecho positivo. Por tal razón, no debe extrañar que entre los juristas se hayan levantado voces contra la necesidad del mantenimiento de tal clasificación, como ocurre con MIRTO, para quien la distinción entre ambas formas de falsedad carece de importancia científica.

Ciertamente, no se cuestiona la conveniencia de operar tal reagrupamiento de las formas de la acción falsaria en consideración al Derecho penal salvadoreño, en razón que la adopción por parte de la doctrina dominante de la aplicación de ambos conceptos fue justamente la intención de proyectar ideas que permitieran reducir el gran cúmulo de supuestos típicos en virtud de los cuales se estructuraban las falsedades documentales.

En conclusión la adopción de los conceptos de falsedad ideológica y falsedad material no puede obviarse en el estudio de la falsedad documental en el Derecho penal salvadoreño con el fin que estos términos puedan construir con su admisión una mayor claridad expositiva en el estudio del delito de falsedades documentales.

Por tanto, la actual regulación de la falsedad no es obra de generación espontánea, sino que aparece como resultado de la evolución acaecida por regulaciones anteriores sometidas a revisiones doctrinales.
2.2.5  CLASIFICACIÓN DEL TIPO DE FALSEDAD IDEOLOGICA

La diversidad de comportamiento que son regulados en el ordenamiento jurídico penal,  resultado de la trascendente necesidad que la sociedad requiere en relaciones intersubjetivas de sus integrantes; por ello no se puede circunscribir a una sola clase de tipo penal si no que existen múltiples categorías, en atención a las diferentes características y elementos que son necesarios para la configuración de cada delito en específico; clasificándose en atención a diversos factores como los que a continuación se explican.

2.2.5.1  SEGÚN LA ESTRUCTURA.

2.2.5.1.1 Tipos Básicos o Fundamentales.

Son aquellos que se describen de manera independiente un modelo de comportamiento humano, se aplican sin sujeción a ningún otro tipo penal.

La Falsedad Ideológica se constituye en un tipo básico o independiente, puesto que, las modalidades de realización delictiva están determinadas en su tenor, sin ser necesaria la utilización de otra descripción normativa para su aplicación.


2.2.5.1.2    Tipos Especiales o Autónomos

Son aquellos que además de los elementos del tipo básico, contienen otros que pueden ser nuevos o modificativos de aquel cuya aplicación excluyen; el tipo fundamental es parte de ellos pero bajo ciertas características especiales. Si la modificación al supuesto no le otorga autonomía se estaría ante un tipo dependiente o subordinado. [7]

Un ejemplo seria el Hurto de Uso, regulado en el artículo 210, porque al no requerir para su consumación el ánimo de lucro se constituye en un tipo diferente.

El objeto de estudio de investigación es propio de los tipos fundamentales, con cual excluye la posibilidad de poseer características especiales de un tipo autónomo del cual puedan depender.

2.2.5.1.3    Tipos Subordinados o Complementarios.

Son aquellos que refiriéndose a un tipo básico o especial, señalan determinados aspectos o circunstancias que califican la conducta, los sujetos o el objeto, carecen de independencia y no se pueden aplicar sin referencia a un tipo básico o uno especial, es una simple proyección del tipo básico o especial. Dejando en claro que en estos eventos aun no en todos pueden ocurrir las circunstancias de agravación o atenuación.

El delito de falsedad ideológica tiene por características particulares que le dan un carácter de independencia, de tal manera que el supuesto de hecho es suficiente para configurar la conducta típica descrita en la norma penal sin necesidad de complementarse a otro tipo penal fundamental. Y que además el tipo objeto de estudio, se remite al artículo 285 por la calidad especial del sujeto activo, que se le otorga la calidad de falsedad ideológica agravada.

2.2.5.1.4    Tipos en Blanco.

Son aquellos tipos cuya disposición viene consignada en otra norma de carácter no penal, sea del mismo rango legislativo o de rango inferior. En estos casos, la norma penal regula la sanción y hace una remisión explícita o implícita a otra norma -no penal- que completa a la norma penal. Esa otra norma es el complemento de la norma penal. En favor de este criterio podría aducirse un fundamento de índole práctica para justificar la admisión de las normas penales en blanco. La conducta que constituye el "tipo" se halla relacionada con otras ramas del ordenamiento jurídico. La actividad legislativa en éstas es incesante.

Si se incluyeran esas conductas que forman la parte dispositiva de la norma penal en la redacción de la figura de delito misma, habría que estar continuamente reformándola. Para evitar ese deterioro legislativo de la norma penal, surge la fórmula de dejar en ella cierto "blanco", en otras palabras, se recurre al expediente de remitir el completamiento de la "supuesto de hecho" a otro acto legislativo, a través del cual se consigna la parte dispositiva, con independencia del rango que ese complemento tenga.

Welzel afirma que estos tipos penales solo contienen la amenaza de la pena y por lo que respecta al tipo se remiten a otras normas extrapenales.

El delito objeto de estudio determina expresamente la descripción normativa que da lugar a la prohibición de la conducta, y por tanto, no es necesario acudir a normas que no tienen carácter penal para complementar el supuesto de hecho, si no que solo su lectura es necesaria para comprender la prohibición normativa.
                                             

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