miércoles, 26 de octubre de 2011

Es opinable el derecho a la vida?



Rosa Zeta de Pozo (*) .

Creemos que el derecho a la vida no es opinable, pero la reforma constitucional, ha puesto en debate el tema del derecho a la vida y al aborto en casos excepcionales, esto nos obliga a reflexionar como ciudadanos. Prescindiendo de mis ideas religiosas, que las tengo, har� estas consideraciones desde la perspectiva de la ley natural, que involucra a todas las personas.

Si pregunt�semos a cualquier peruano si defiende y promueve el derecho a la vida, estoy segura que todos, sin excepci�n, me contestar�an afirmativamente, e incluso me mirar�an con cara de asombro por atreverme a cuestionarles al respecto; esencialmente porque todos, se supone, conocemos el significado de este derecho.

Sabemos que el derecho a la vida es un derecho natural del hombre, un derecho primario, es la realidad en la que se fundan y se ejercen todos los dem�s derechos de la persona humana, que se defienden en una multiplicidad de documentos de car�cter nacional e internacional.

Sin embargo, parece que todo este conocimiento se diluye, o al menos se cuestiona, cuando se trata de aplicarlo a los inocentes concebidos no nacidos; no se tiene conciencia clara del respeto al derecho inalienable a la vida que tambi�n tienen.

Y entonces empiezan las opiniones en torno al aborto, como si fuera un tema contingente, y ya no es visto como una negaci�n del derecho a la vida, sino que empieza a analiz�rsele desde posturas individualistas o desde la primac�a de aparentes valores sociol�gicos sobre la vida misma.

As� tienen lugar las conductas antivitales que introducen las pr�cticas abortivas en sus diversas manifestaciones. Quienes defienden esta cultura de muerte teorizan sobre el inicio de la vida, la reducen �nicamente a su dimensi�n biol�gica, incluso se llega a decir o pensar que no es una vida humana; difunden la idea de que no todas las vidas humanas son dignas de ser vividas, aqu� entra el hijo enfermo o con tara de por vida (aborto eugen�sico), la defensa de la vida de la madre cuando corre riesgo inminente de muerte (aborto terap�utico), y tambi�n aparecen los argumentos en casos de violaci�n: no hay que dejarle nacer -dicen- porque es un hijo no deseado que desequilibra ps�quicamente a la madre; o que la legalizaci�n del aborto terminar�a con los abortos clandestinos.

Quienes defienden estas posturas se olvidan que est� reconocido cient�ficamente que la vida empieza en el momento de la fecundaci�n, que desde ese momento el nuevo ser tiene derecho inalienable a la vida, como cada uno de nosotros que tuvimos la suerte de que nuestros padres sintieran esa pasi�n de dar la vida; que tiene una dimensi�n biol�gica y otra espiritual; que existen los medios terap�uticos para superar los problemas de la madre o del ni�o; que ninguna persona tiene derecho a quitar la vida a otra porque la ley lo admite y finalmente que el hijo no es un objeto de derecho de los padres.

No dejemos -como ha expuesto Rossi- que el hombre aparezca ante el hombre, como un simple objeto expuesto al dominio de los dem�s como cualquier otro objeto, sino como titular potencial de derechos -el primero de los cuales se refiere a la propia existencia.

Es dif�cil imaginar que se pretenda proteger legalmente el aborto y que se tolere el sacrificio de inocentes, d�biles y sin voz, a manos de sus propios padres. Reflexionemos sobre la trascendencia social de una norma de este estilo.

(*) Profesora principal de la Facultad de Comunicaci�n de la Universidad de Piura.

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